el genio de Einstein

¿Por qué no fueron genios los hijos de Einstein?

Básicamente porque en definitiva nadie es perfecto, ni siquiera la crema y nata de la ciencia y las artes, y si no que se lo digan a Stephen Hawking, quien tampoco se ha distinguido por ser el mejor padre y marido, tomando el estilo de su antecesor Newton que también era un terrible malhumorado.

La idea de que los genios son un poco distraídos, como Newton (el que hirvió el reloj en vez del huevo) o Einstein, que no fueron precisamente un dechado de comportamiento social, no nos es ajena.

Por hoy disculpemos a los genios por su falta de convencionalismos debido a que ocupan sus valiosos cerebros para labores menos prosaicas que hervir un huevo, como ser el descubrir alguna de las leyes de la física o encontrar que pasa con algún agujero negro.

Por lo general, los genios son seres humanos normales, con sus virtudes y defectos, aciertos y desaciertos sociales, y Albert Einstein no era una excepción. No obstante, es muy poco conocida la historia familiar del genio de Ulm, y la pregunta vale para poder espiarla.


Eduard, Mileva y Hans Albert Einstein

La familia Einstein

Bajo ningún estándar actual podríamos considerar las relaciones familiares del Don Albert como normales, y ya desde un principio la historia tendría ramificaciones extrañas. En 1896, Albert conoció a Mileva Maric, una joven aristócrata serbia que se había enrolado en el mismo curso que él en la Universidad Politécnica de Zurich. Era la única mujer en ese grupo, y los dos jóvenes se hicieron amigos.

Durante los siguientes años ambos se dedicaron de lleno a sus estudios, salpicados sólo por ocasionales veladas en las que Albert podía presumir de su talento con el violín. Tiempo despué, Albert conseguió graduarse en 1900 con un diploma de profesor de física, pero Mileva suspendió su examen de matemáticas, y tuvo que intentarlo nuevamente al año siguiente.

Iniciar una familia.

Todo cambió cuando en 1901 Mileva descubrió que estaba embarazada y tuvo que abandonar los estudios y su proyecto de graduarse. Se trasladó a Novi Sad (Serbia) para estar con su familia, y probablemente a principios de 1902 nació su hija, que sería conocida como Lieserl. Ahora bien, poco o casi nada se sabe de la pequeña, pues el mundo desconoció su existencia hasta finales del Siglo 20, cuando se encontraron unas cartas personales entre Albert y Mileva, de donde se revela el secreto. Siendo madre soltera, Maric Einstein y Mileva con el pequeño Albert, dejó a la pequeña a cargo de sus padres, pero su destino final es absolutamente desconocido.

En 1903, es casi seguro, que según las usanzas de la época Lieserl haya sidso dada en adopción o que muriese en la epidemia de fiebre escarlata. El caso es que sus padres jamás la volvieron a mencionar en su correspondencia, y Albert no la mencionó en su declaración de inmigración en los Estados Unidos.

Mileva volvió a Zurich y retomó la relación con el ya empleado de la Oficina de Patentes de Berna y, en 1903, en esa misma ciudad, contrajeron matrimonio.

Durante la primera década del siglo, no sólo Einstein lograría uno de sus más importantes descubrimientos con el que se levantaría con una gran reputación en el campo de la física, sino que la familia aumentaría con dos nuevos vástagos, Hans Albert (Mayo 1904) y Eduard (Julio 1910).

En 1911, la familia se trasladó a Praga, donde Einstein permaneció durante un año y medio como profesor en la Universidad Alemana, antes de volver a su Alma Máter en Zurich, donde enseñó Mecánica Analítica y Termodinámica.

Ricos y famosos.

Para entonces sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico, el movimiento Browniano, la equivalencia entre masa y energía y, especialmente, su teoría Especial de la Relatividad, habían hecho de Einstein uno de los científicos más respetados y buscados en Europa. En 1913, Max Planck la ofreció la dirección del Instituto Keaiser Wilhelm para la Física, además de una cátedra en la Universidad EinsteinHumboldt de Berlín, pero sin la carga académica, lo que le permitiría dedicarse a tiempo completo a sus investigaciones. La oferta era enormemente atractiva para el joven científico, no tanto para Mileva que no quería vivir en la capital del Imperio Alemán.

Aún así, la familia entera se trasladó, pero el matrimonio llevaba tiempo horadándose y, en 1914, Mileva volvió a Zurich con sus hijos. Albert se comprometió a enviar anualmente 5.600 Reichsmarks para su manutención y le prometió a su esposa cederle el premio económico que vendría con el ya esperado Nobel. En 1919 el matrimonio concluyó con el divorcio y, en 1922, cuando Einstein recibió el Premio Nobel de Física, cumplió su parte del trato transfiriendo el monto total a Mileva, que lo invirtió en tres propiedades.

Físico Adúltero.

Einstein ya había ensayaba una relación con Elsa Löwenthal, su prima en primer grado por parte de madre y en segundo grado por parte de padre. En el mismo año que concretó su divorcio, Albert contrajo matrimonio con Elsa, e hizo un último viaje a Zurich para pasar el verano con sus hijos y arreglar su futuro con Mileva.

¿Pero fueron o no fueron inteligentes?

No como su padre. Hans Albert Einstein tuvo una vida razonablemente normal. Estudió Ingeniería Civil en la misma universidad que su padre y contrajo matrimonio en 1927, sin el consentimiento Albert. Continuó su carrera en Alemania, donde obtuvo su doctorado y se especializó en el transporte de sedimentos, que no era precisamente muy apasionante.

En 1936, ya con los nazis en el poder e instado por Einstein, que ya había emigrado a los Estados Unidos, Hans Albert hizo lo propio, encontrando un empleo en el Departamento de Agricultura y posteriormente en la Universidad de California en Berkeley.

Fue una autoridad en su propio campo, Albert recibió alguna visita ocasional de su celebérrimo padre.

Eduard

Eduard no tuvo la misma suerte. Desde muy pequeño, el menor de los Einstein sufría de problemas psicológicos, por lo que constantemente tenía que ser internado. Era un buen estudiante y admirador apasionado de Sigmund Freud, Eduard pensaba convertirse en psiquiatra, pero en 1931, a la edad de 20 años, los médicos le diagnosticaron esquizofrenia y su breve carrera se vio truncada.

Recibió tratamientos de shock eléctricos, muy de moda en aquel entonces, que le hicieron más mal que bien, y el resto de su vida tendría que ser cuidado, primero por su madre y, a la muerte de esta en 1948, permanentemente ingresado en la Clínica Burghölzli en Zurich, en medio de una confusión permanente.

Su padre le visitó en una ocasión después del diagnóstico, pero después de que este emigrara a los Estados Unidos en 1933, jamás volvió a ver a su hijo. Durante años si mantuvieron correspondencia, pero Eduard siempre se sintió abandonado y en una ocasión incluso confesó que odiaba profundamente a su padre. Murió en 1965, diez años después que su padre.

Nunca lo sabremos.

Nadie sabe las razones por las cuales Albert Einstein manejó sus relaciones familiares como lo hizo, y cuanto más tiempo pase será más difícil siquiera imaginarlo. Para un genio de la ciencia tan simpático y como él, que tanto se preocupaba por la especie humana, es extraño que no haya hecho ningún intento por siquiera conocer a su hija mayor y que no la mencionara nunca después de 1903.

También es extraño que no hubiese visitado a su hijo enfermo después de la guerra, considerando que no tenía problemas económicos. Nadie es perfecto y el gran sabio tendría sus razones que, en algún pliegue del tiempo y del espacio será juzgado.

Fuentes

Jorge A. Ricaldoni, Abogado especializado en comunicaciones

Quora.com