Venciendo el miedo ¡Adiós a los temores!

Muchas de las cosas buenas de la vida empiezan a surgir cuando decidimos enfrentar nuestros temores y decidimos ponerle punto final a todo aquello que no nos permite avanzar; porque eso es lo que hace el miedo, nos pone un peso que no nos deja seguir.

¿Quién no ha sentido miedo alguna vez? Esa sensación de angustia que nos provoca pensar que estamos en peligro. Él hace su aparición cuando menos necesitas que lo haga y con tan sólo unos pocos minutos en tu mente ya puede apoderarse de ti, tanto, hasta controlarte, suele aparecer en aquellas circunstancias, justo cuando necesitas más valor.

NO TODO TEMOR ES MALO

El miedo es una reacción natural, instintiva al peligro y es necesario que puedas sentirlo para sobrevivir; gracias al temor algunas veces nos hemos librado de riesgos y caer en grandes peligros.

PERO…

Hoy quiero hablarte de ese  miedo paralizante que viene y estorba tu calidad de vida; de ese miedo que te hace ver tu problema mucho más grande de lo que realmente es, de ese miedo que no te deja crecer, que no te deja dormir, que no te deja soñar.

Muchos de nuestros miedos molestos de hoy, provienen de varias fuentes y una de ellas es: la infancia ¿Qué ocurrió cuando eras niño que te ha llevado a ser la persona que eres hoy? La niñez es una etapa que marca nuestra vida  y siempre he dicho que los adultos cuando no sanamos heridas, cargamos una mochila de miedos y frustraciones, arrastrándola desde la infancia.

¿A QUÉ LE TEMES?

El miedo al éxito o al fracaso está asociado con tu autoestima, el miedo a formar una familia, al matrimonio o a los hijos está asociado a una disfunción familiar (hay personas que se quieren proteger a toda costa de lo que vivieron en su familia durante la infancia y se apropian de una angustia que terminan repitiendo la historia). El miedo al amor o a una relación de pareja está asociado a la falta de afecto y confianza en sí mismo, el temor de ser engañado o decepcionado; regularmente estas personas mantienen relaciones inestables y cortas.

Y dónde dejamos ¡Los celos! Los celos no son otra cosa que el temor de perder el cariño de un ser querido y tiene su raíz en la inseguridad personal, baja autoestima y una crianza con falta de amor en la vida de quién los padece. 

Y así podemos ir por la vida experimentando cantidades de miedos o temores que nos paralizan y no nos permiten vivir bien; aquel miedo que llega cuando nos encontramos en un grave problema, aquel miedo que llega cuando enfrentamos una enfermedad.

¡No te paralices!

¡Pero eso es lo que hace el miedo, nos paraliza! Y cosas buenas empiezan a surgir cuando decidimos enfrentarlos, cuando buscamos ayuda, cuando reconocemos delante de Dios nuestra debilidad y la necesidad de que Él nos llene de su valentía y fuerza. Isaías 41:10 dice “No temas porque yo estoy contigo, no desmayes porque yo soy tu Dios, que te esfuerzo, siempre te ayudaré…”

¿Por qué a veces elegimos vivir desde la impotencia y no desde la plenitud? ¿Por qué a veces nos cuesta tanto ser valientes? Y ser valientes no es no sentir miedo; ser valiente es saber conquistarlo.

La mejor forma de ponerle fin a los temores es enfrentarlos, es sacarlos de nuestra vida, es abrirles la puerta para poder sentir la libertad de avanzar, de correr, de ganar… porque la discapacidad más grande, es el miedo. ¡Animo!

Diana Rodas

Psicóloga Clínica.